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Los aforismos de Hipócrates:
 
1. Corta es la vida, el camino largo, la ocasión fugaz, falaces las
experiencias, el juicio difícil. No basta, además, que el médico se
muestre tal en tiempo oportuno, sino que es menester que el enfermo
y cuantos lo rodean coadyuven a su obra.

2. La Medicina es el arte de curar las enfermedades por sus
contrarios. El arte de curar, el de seguir el camino por el cual cura
espontáneamente la Naturaleza.

3. En las disenterías y vómitos espontáneos, si se evacua lo que
debe ser expelido, todos estos trastornos podrán ser útiles y poco
molestos; pero, si esto no ocurre, serán dañosos. De igual manera, la evacuación de los vasos es útil cuando se practica en términos convenientes, pues, y es muy conveniente tener en cuenta el país, la estación, el tiempo y la naturaleza de las enfermedades, en que pueden convenir o no estas evacuaciones.

4. La robustez extremada es dañosa a quienes hacen ejercicios
violentos, como los atletas; pues no pudiendo mejorar ni permanecer
estacionarios, es muy fácil que se altere en su perjuicio. Así es conveniente que se disminuya gradualmente el vigor excesivo, para que el cuerpo comience una nutrición nueva. No obstante, precisa no evacuar con exceso; la atenuación debe estar en proporción a la naturaleza y fuerzas del enfermo, pues la excesiva replexión es tan perjudicial como la evacuación extrema.

5. La dieta rigurosa es peligrosa siempre en las enfermedades
crónicas y aun cuando está contraindicada en las agudas. Es difícil
de soportar un régimen de sobrada tenacidad, como lo es una
replexión excesiva.

6. Las faltas cometidas por los enfermos en observancia de lo
prescrito, son más perjudiciales cuando el régimen es muy riguroso;
porque cualquier exceso en la alimentación es más peligroso, cuando el
régimen es muy riguroso que cuando no lo es. Por eso la dieta muy
severa y observada por largo tiempo, es nociva aun para los sanos,
por las consecuencias dañosas que cualquier exceso puede
acarrearles. Por esta razón, es más conveniente un método de
alimentación moderado que otro muy riguroso.

7. A enfermedades extremas, remedios heroicos, excelentes y bien
administrados.

8. Presentan las enfermedades muy agudas síntomas muy alarmantes, y
así en ellas conviene prescribir desde luego la más severa dieta.
Mas, cuando la dolencia no presenta este carácter, se puede permitir
algún alimento, aumentándose paulatinamente conforme la enfermedad
se hace menos intensa.

9. Cuando la enfermedad en su vigor estuviere, es menester usar del
régimen más riguroso.

10. Conviene considerar también si la dieta prescrita al enfermo le
permite conservar sus fuerzas, hasta que la enfermedad llegue a su
desenvolvimiento completo, para que consiga dominarla, o si, por
hallarse demasiado débil, sucumbirá antes de esta época.

11. En las enfermedades que adquieren pronto todo su vigor, se debe
también prescribir sin pérdida de tiempo un régimen severo; pero en
las que llegan más tarde a aquel estado, deberá disminuirse la
alimentación, cuando esto suceda o un poco antes; entonces, para que
el enfermo conserve todas sus fuerzas, deberá ser más abundante la alimentación del paciente.

12. En las exacerbaciones, conviene quitar el alimento; éstos les
serían altamente perjudiciales. Si hay periodicidad en los recargos,
se deberá igualmente prohibir todo alimento, al tiempo de su aparición.

13. Las exacerbaciones en cada género de dolencia, la estación del
año, la observación comparativa de las agravaciones, ya cotidianas,
ya tercianas o de mayores intervalos, sirven para apreciar la marcha
futura de la dolencia.
Iguales cosas se indicarán por los epifenómenos. Así en la
pleuresía, si los esputos se presentan desde el principio, la
enfermedad será corta y, si aparecen más tarde, larga y rebelde. Lo
mismo puede decirse de las orinas, evacuaciones de vientre y
sudores. Indicarán que la enfermedad ha de tener crisis fácil o
difícil y si será larga o corta, según se manifiesten.

14. Los viejos llevarán fácilmente la abstinencia; después de ellos
siguen los que se hallan en la edad adulta; los adolescentes no
pueden tolerarla y mucho menos los niños y, entre ellos
principalmente los que son muy vivos.

15. Tienen los que crecen mucho calor innato y así necesitan una
alimentación copiosa; de no ser así, se consumirá su cuerpo. Los
viejos tienen poco calor; y así los basta con poco para conservarle;
demasiada alimentación les extinguiría. Por eso son en ellos las fiebres
menos agudas, pues que está frío su cuerpo.

16. En invierno y primavera el sueño es más largo y tienen mayor
actividad los órganos de la digestión. Por tanto, en estas épocas,
alimentación más abundante. De ello nos presentan ejemplo ciertas enfermedades, los jóvenes y los atletas.

17. Un régimen compuesto de alimentos húmedos y jugosos, conviene a
los calenturientos todos y muy particularmente a los adolescentes o
personas a él habituadas.

18. Muchas personas necesitan alimentarse una vez al día y nada más;
otras dos veces y algunos muchas o pocas veces y aun dividiendo el
alimento en porciones pequeñas. Hay que considerar además el hábito, la estación, la edad y el clima.

19. Es la digestión difícil en verano y otoño, muy fácil en invierno
y no tanto en primavera.

20. En las enfermedades de acceso periódico, antes de medicinar, hay
que suspender el juicio.

21. Durante la crisis, no debe provocarse movimiento, alguno ni con
purgas ni otros medicamentos irritantes, sino que se debe dejar
obrar a la naturaleza.

22. Lo que conviene evacuar debe ser dirigido por lugar conveniente.

23. Es menester purgar y remover los humores, cuando están cocidos,
mas no en estado de crudeza, ni al principio de las enfermedades; a
menos que haya urgencia, lo cual ocurre rara vez.

24. No se debe juzgar de las evacuaciones por su cantidad, sino que
es preciso atender a si tienen las cualidades necesarias, y si las
sobrelleva bien el enfermo. Y si fuera preciso llevarlas hasta el desmayo,
hágase, siempre que el paciente pueda soportarlas.

25. En las enfermedades agudas y, sobre todo, al iniciarse, rara vez
están indicados los purgantes y, cuando lo están, es con la mayor
circunspección y medida.

26 La enfermedad en que el sueño agrava la dolencia es mortal. Lo
contrario sucede cuando se alivia.

27. Es bueno el sueño que calma el delirio.

28 Malos son el sueño o el insomnio excesivos.

29. Ni la saciedad, ni el hambre, ni cosa alguna que exceda de lo
que la Naturaleza quiera, es bueno.

30. El cansancio y las laxitudes espontáneas y sin motivo,
enfermedad denuncian.

31. Si alguno tiene dolor en alguna parte del cuerpo y no lo siente,
es señal de que tiene el cerebro perturbado.

32. La extenuación contraída poco a poco, lentamente necesita ser
reparada; la que sobreviene en breve tiempo, exige reparación pronta.

33. Si en la convalecencia comen con apetito los enfermos y, sin
embargo, sus fuerzas no se reparan, esto claramente indica que toman
demasiado alimento; pero, si ocurre esto mismo y no tienen apetito, será
necesario purgarles.

34. Conviene hacer fácil y movido aquel cuerpo que se quiera purgar.

35. Cuanto más nutras a los cuerpos impuros, más les dañarás.

36. Es más fácil asimilarse el alimento líquido que el sólido.

37. Las impurezas que quedan en las enfermedades después de las
crisis, suelen producir recaídas.

38. La noche que precede a una crisis, es generalmente de
exacerbación grave; pero la siguiente suele ser tranquila y buen
signo.

39. Todo cambio en la naturaleza de las deyecciones; en los flujos
de vientre, es beneficioso, cuando no los empeora.

40. Cuando las fauces están doloridas y el cuerpo aparece cubierto
de tumorcillos, conviene examinar las evacuaciones; si fueran
biliosas, el padecimiento es del cuerpo todo pero, si son naturales, es bueno y nada peligroso recetar alimentos.

41. No conviene trabajar al hambriento.

42. El tratamiento de algunas enfermedades pone de manifiesto que el
tomar de una vez mayor cantidad de alimentos de lo que la Naturaleza
tolera, produce alteraciones graves en la salud.

43. Aquellos alimentos que pronto confortan y rápidamente nutren,
pronto también son expelidos.

44. No siempre es seguro el pronóstico en las enfermedades agudas,
sea de muerte o de sanidad.

45. Quienes tienen laxo el vientre en la juventud, se estriñen
conforme avanzan en edad; por el contrario, los estreñidos le tienen
suelto en la vejez.

46. El vino quita el hambre.

47. Las enfermedades que proceden de plenitud se curan mediante
evacuaciones; las que nacen de evacuación por la replexión; otras se
curan asimismo por sus contrarios.

48. En catorce días está hecho el proceso de las enfermedades agudas.

49. El cuarto día es indicador del séptimo; da el octavo principio a
la semana siguiente; ha de observarse el undécimo, que es el cuarto
de este segundo período; asimismo debe atenderse al décimo-séptimo,
que es el cuarto de la tercera semana y el siete contando desde el once.

50. Son, por lo general, las cuartanas, de duración corta en el
verano y muy larga en el otoño y especialmente cuando se presentan
al comenzar el invierno.

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